1.-El comienzo
Habían transcurrido nueve meses.
Nueve meses de trabajo y esfuerzo. A veces simplemente no te das cuenta pero el tiempo sigue su curso.
Los días, los meses. Pasa el invierno, la primavera, el otoño y finalmente llegó el verano.
Llega un momento en el que no puedes más. Siempre es lo mismo y ya estas cansada. Piensas que si el mundo se terminase todos terminarían por echarte la culpa.
Sus padres se iban al extranjero, y ahora, Rinhoa no tenía otra opción que independizarse. Por otro lado es lo que siempre había querido, pero que no se llevaran a toda su familia y al quedarse con tan poca gente de su agrado, no pudo evitarlo, dos lágrimas recorrieron sus mejillas.
En el ascensor, se miró al espejo, se secó las lágrimas con la camiseta negra de tirantes.
Hoy iba como siempre, no era raro que se vistiera con esos pantalones pitillo y camisetas ajustadas. Tampoco faltaban las Converse.
Tenía el pelo castaño liso y suelto por un poco más abajo del pecho, y la manilla plateada que hacia juego con sus ojos grises. Pero algo no iba bien, aparte de lo recién sucedido, una sensación extraña recorría su cuerpo.
Desde que salió del portal empezó a sentirse observada.
Iba por la calle, consciente de que apenas había gente, y sin embargo sentía que alguien la seguía. Se paró en seco, y un viento frio movió sus cabellos, solo un segundo antes de que se moviera, y lanzase un puñetazo al aire, pero, al fijarse bien, frente a ella había un chico que paró el golpe con la mano, apenas sin inmutarse.
Tan solo unos centimetros más alto que ella, pelo oscuro y ojos grises, parecía joven, posiblemente dos años mayor.
No lo conocía, pero estaba claro que si quería algo, no dejaría que lo consiguiera. Lanzó una patada. La esquivó. Otro puñetazo. Volvió a detenerlo.
<<¿Cómo puede ser? Tengo que irme antes de darle opción a que me ataque.>>
Sin pensárselo otra vez, empezó a correr.
<<Mierda, es demasiado rápido.>>
Pensó que la alcanzaría. Entro en la plaza que estaban inaugurando después de unas largas reformas. Había mucha gente. Ahora ya sabía donde demonios estaba todo el mundo.
Lo cierto es que era el mejor sitio para esconderse. En medio de toda aquella multitud que no tenía nada más que hacer que perder el tiempo en oír un discurso inagural. Menuda perdida de tiempo. <<Servirá por el momento.>>
¿Lo habría despistado? Se giró. Lo tenía justo detrás. La cogió de la muñeca y se aseguro de que esta vez no se soltara.
<<¡Joder! ¿Qué hago ahora? Piensa Rinhoa, piensa... >>
-¡Aaahhh! Un ladrón, un ladrón- gritó desesperadamente. Corrió aprovechando que la gente se lanzaba sobre él, no sin antes detenerse para observar el follón que había causado. La gente echa un ovillo en el centro de la plaza, y en ese momento, él, fuese quien fuese, y Rinhoa, cruzaron una mirada.
La gente estaba desconcertada. El chico, ya no estaba, se había esfumado, y nadie sabía como.
Da igual, algo le decía que no tardaría en volver a por ella.
Decidió que lo mejor era ir a casa de su tía, estaba cerca.
No era un largo trayecto, no correría peligro alguno.
Un gato negro de ojos grandes y amarillos observó con curiosidad.
No se entretuvo mas, algo le decía, llamémoslo sexto sentido, que esto no se había terminado.
-Esto no se ha terminado-dijo un chico sonriente a lo lejos.- Volveré a por ti, pequeña.
Y momentos después, se alejó.
-¡Hola!- dijo en voz alta. El perro acompañado de su tía, vino a recibirla.
-¿Cómo estás cariño?-pregunto su tía Aya.
-Puf,-suspiró y con una sonrisa de oreja a oreja-¡He aprobado!
-Ya veo. Me alegro muchísimo.-No hizo falta nada mas, no querían hablar del tema, y entro a la cocina, desde allí grito.- Bienvenida.
Se oyeron unos pasos rápidos, el suelo temblaba, ¿un terremoto? pero no, era su prima pequeña, que acababa de lanzarse a su cuello.
-Rinhoa-la llamó mimosamente mientras se balanceaba en sus brazos.
-Becky…-es muy mona, cuando quiere- No hacía falta que agujerearas el suelo.
Entró en el comedor y allí estaba Tsuki, que es la prima mediana. Tiene la misma edad que Rinhoa. Són muy parecidas. Del tipo, ¡eh que yo soy muy maja y estoy muy loca! Eso sí, tu moléstame que te saco las tripas y le doy tus huesos a los lobos.
-Becky…descuélgate-dijo Tsuki. Ninguna de las tres hermanas que son se lleva demasiado bien con las otras dos-¡Rinhoa!-y se lanzo hacia ella para abrazarla.
-Tsuki.- la miró a los ojos.- Tengo que hablar contigo.
Ella enseguida supo que era importante. Le cogió de la mano y se dirigió a la puerta.
-Bueno familia, nos vamos de aquí que sois todos muy curiosos-bromeó mientras ponía la correa al perro-Y el perro el que más.-Ji, Ji, Ji- ¡Dios! Hasta ella misma se reía de sus propias bromas.
Mientras rondaban por el parque le fue contando desde la mudanza de sus padres hasta lo del chico misterioso. Tsuki se paró para que Drak, el perro, hiciese sus necesidades.
-¿Y tus sextos sentidos te dicen…?-Tsuki y Rinhoa habían estado juntas desde niñas. Lo compartían todo, y cada una sabia absolutamente todo de la otra.
-Que mi vida acaba de cambiar por completo desde que me tome el cola cao de la mañana- la miró y añadió-Yo no lo conozco, pero no se si la próxima vez, si es que la hay, podré escapar de él.
-Y… ¿está bueno?-preguntó Tsuki con una sonrisa.
En lugar de gritarle, como era de esperar dada la situación, se rió con ella y giró la cabeza hacia un lado. Esta Tsuki no tenía remedio. Siempre igual. Claro que Rinhoa tampoco era una excepción.
-Bueno…esto…Si, muchísimo.
-¿Cómo es?-pregunto Tsuki.
-¿Solo piensas en eso?
-Sí, y tu también.-y añadió fingiendo seriedad- No dejaré que vivas tu sola una aventura.
-¿Una aventura?, tú estás loca-ella se rió.- ¿Acaso no has oído nada de lo que te he contado? He escapado de milagro.
-No vas a librarte de contestar prima. Ahora en serio ¿Cómo es?
-Pues…- se puso el dedo en la barbilla como si tratase de recordar.- Alto, pelo negro, ojos grises y…-bajó la cabeza – De acuerdo, tu ganas. Está muy bueno.
-Lo sabía- se rió- Si es que te conozco como si fueras mi prima.
<<Menuda cara>>
Sonó el móvil, un mensaje, “la comida” .
Tsuki y Rinhoa volvieron a casa para comer, y entre risas y bromas se hizo tarde.
Al final se fueron a la habitación a hablar, pero más tarde entró Aya con el teléfono en la mano.
-Tu madre-dijo.
-¿Sí?
-Hola cariño, oye que papá y yo nos vamos a Madrid con Raquel y Pedro, ¿te acuerdas de ellos?
-Si mama, si vienen todos los veranos.- como para no acordarse. Siempre le cedían su habitación.
-Pues esta vez no podrán venir, y dicen que vayamos nosotros. Nos vamos esta noche.
-Vale. Espera un momento ¿que se supone que quiere decir nos?
-Tú también vienes.
-¿¡Qué!?- incapaz de creer lo que acababa de oír.
Rápidamente Rinhoa cogió la libreta de encima la mesita y escribió “¡Socorro, ayúdame. Convéncela de que me quede!”
Se lo dió a su tía, y ella le pidió el teléfono en gesto de afirmación. Ella más que nadie sabía como era su hermana. Al fin y al cabo, había crecido con ella.
-Hola.
-Hola ¿Aya?
-Sí, oye si quieres, Rinhoa se puede quedar aquí. Por mí, se puede quedar todo el verano.
-Pero no quiero que moleste.
-Si no molesta mujer, me ayuda mucho, id vosotros y divertiros.
-¿En serio?
Tsuki y Rinhoa empezaron a chillar y a saltar llamando la atención Sasha, la hermana mayor.
-¿Qué pasa?- preguntó.
-Sasha, vas a tener que aguantarme todo el verano.
-¿¡Sí!?- y Sasha se unió a ellas, esperando a que Aya terminara de hablar.
-Sí, claro- prosiguió.
-Entonces, vale.- y colgó.
Por la tarde, Sasha y Becky prepararon la merienda, y siguieron hablando.
-Príncipe Noctis, ¿la tiene?- preguntó un soldado que debía ser de suma importáncia por su vestimenta.
Noctis lo miró, odiaba perder, sin embargo se relajó.
Aun no había perdido, y ella no sabía quién era, todavía, pero igualmente, no hizo falta nada más que una mirada para que el otro lo supiese.
Noctis siguió andando por ese largo pasillo claro, donde al final había una gran puerta.
-Esa noche tuve un sueño muy extraño, estaba en un enorme prado, con vista al precipicio. Habían unas luces que se movían de un lado hacia otro. Se respiraba un ambiente agradable, en medio de la oscuridad de la noche, pero no estaba tranquila, algo sucedía,
no sé muy bien porque, pero empecé a correr, de repente el suelo se empezó a abrirse en enormes brechas y justo debajo de mis pies se abrió una, enorme, y caí y caí, mi última mirada fue una mano que me agarro antes de caer a la nada, y me desperté,- recordaba Rinhoa, tumbada en la cama. Ese sueño la desconcertó bastante, tenía que saber quién era esa persona, ese sueño tenía que significar algo,- pero no tengo más pistas que una mano,- al recordar de nuevo esa imagen se fijo en que esa mano tenía un anillo plateado con una inscripción, pero solo pude leer una palabra de otro idioma, “Kurai”.
<<¡Bien Rinhoa! Un sueño que solo me indica una mano y una palabra en un anillo, todo es muy fácil.>> Se quedo pensando un rato más.
Tiempo más tarde miró el móvil para saber la hora. Las 7 de la mañana. Súper temprano, da igual, para que están las primas si no es para putearse entre sí. Se levantó de la cama y se dirigió hacia la de Tsuki.

Para empezar se lo dedico a mi queridissima hermana Monica Diaz A la cual me a enseñado tanto en esta vida y me ha dado ánimos para continuar el proyecto que desde pequeña tuve.
ResponderEliminarY también agradecer a Raquel o mejor dicho Tsuki mi prima querida que estuvo a mi lado al empezar este libro.